Rvdo. Martin Diaz
Iglesia Evangélica Protestante de El Salvador

A lo largo de las publicaciones que realizaré en la Revista Factum durante los próximos meses, iré profundizando desde la relación de de la cultura humana y las sustancias psicoactivas hasta los efectos y problemáticas que generan las actuales políticas de drogas. Para ello surge la imperiosa necesidad de compartir algunos conceptos a los que no estamos acostumbrados en nuestro entorno general en El Salvador, salvo pocas excepciones. Necesitamos como salvadoreños y salvadoreñas aprender e incluir términos más justos y actuales en nuestras expresiones verbales para seguir creciendo intelectual y espiritualmente. Hoy empezamos con algunos acercamientos.

Para iniciar, veamos sustancias psicoactivas, que es un término bien general. Tengamos en cuenta que se considera psicoactivo/a a toda sustancia química de origen natural o sintético que al introducirse por cualquier vía (oral, nasal, cutánea, intramuscular, intravenosa,etc.) ejerce un efecto directo sobre el sistema nervioso central (SNC) causando cambios específicos a sus funciones. Es importante saber que las sustancias psicoactivas se suelen clasificar en depresoras, estimulantes o alucinógenas, según la acción que ejercen sobre el SNC. Estas sustancias son capaces de inhibir el dolor, modificar el estado anímico o alterar las percepciones en diferentes grados. Actualmente se considera que una sustancia psicoactiva genera un padecimiento de adicción en una persona que usa droga (PQUD) cuando sufre síndrome de abstinencia al dejar de consumirla.

Por otro lado consideremos a las sustancias psicotrópicas (del griego psyche: ‘mente’ y tropein: ‘tornar’). Son agentes químicos (naturales o sintéticas) que actúan sobre el sistema nervioso central, lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento.

Los psicotrópicos ejercen su acción cambiando ciertos procesos bioquímicos o fisiológicos cerebrales. En este sentido, la mayoría de los psicotrópicos actúan alterando el proceso de neurotransmisión estimulando o inhibiendo la actividad. Algunos, como las sales de litio, actúan modificando la permeabilidad de la membrana neuronal y se emplean en el tratamiento de la psicosis maníaco-depresiva, por ejemplo, permitiendo reducir las crisis que afectan a las personas que padecen esta patología.

Finalmente, por hoy, los enteógenos. Son sustancias vegetales o preparados de sustancias vegetales con propiedades psicotrópicas, que cuando se ingieren provocan un estado modificado de conciencia. El término “enteógeno” deriva de la lengua griega, en la que entheos significa “(que tiene a un) dios dentro”, “inspirado por los dioses” y génos, quiere decir “origen, tiempo de nacimiento”. El sustantivo “genos” pertenece al campo semántico del verbo gígnomai que significa “llegar a ser”, “devenir”. Por tanto, el significado etimológico alude a la posibilidad de llegar a ser inspirado por una manifestación de Lo Trascendente, es decir Dios, así como al “nacimiento” que este proceso supone.

De acuerdo en estos términos, podemos adentrarnos en el mundo de las Plantas Sagradas. Hablamos de especies vegetales y fungis que han sido utilizadas por los seres humanos desde hace miles de años, a veces como medicinas, otras para preparar utensilios o con fines meditativos, religiosos y espirituales; en otras palabras, para conectar con lo Trascendente.

El uso ancestral
En nuestro planeta cada cultura, cada etnia o grupo social dentro de su proceso de evolución y desarrollo histórico, ha identificado, seleccionado y usado diferentes plantas que producen un estado pasajero de euforia y de confort, una sensación de bienestar subjetivo creciente. Plantas sagradas usadas en contextos rituales y ceremoniales, con gran arraigo ancestral, social y cultural sellado por un largo proceso histórico. Con ellas, han dado origen a categorías, modelos, ideas, prácticas, muy propias que dependen de su cosmovisión, su historia social y económica y del ámbito geográfico -naturaleza- en el que se ha asentado cada cultura y hace presencia cada planta sagrada.

En casi todas las comunidades ancestrales de cualquier continente se ha dado el fenómeno del chamanismo y con ello el uso de las plantas sagradas. A pesar de lenguas y orígenes distintos, existen múltiples coincidencias dadas por la estrecha relación cultura-naturaleza, en las que las plantas de poder ocupan un lugar central.

Algunas “Plantas Sagradas” o “Plantas de Poder” de reconocimiento mundial son:

Amanita muscaria, un hongo originario del centro y norte de Asia.

Iboga, una planta usada por pueblos del centro de África.

Especies de Datura (borrachero) usadas por los pueblos primitivos del mediterráneo.

Cannabis (marihuana) originaria del Oriente Próximo.

Amapola (heroína, morfina, opio) se usa desde tiempos inmemoriales en India y China.

En América existe un amplio grupo de plantas reconocidas como sagradas o de poder: La coca, el peyote, el San Pedro, el yag, Don Diego, variedades de borracheros, la virola, el tabaco, el yopo, las psilocibinas entre muchas otras especies vegetales y fungis. Cada especie, cada variedad, está adaptada a condiciones climáticas y geográficas específicas y culturas distintas. Estas plantas han sido utilizadas durante milenios como recurso sagrado y medicinal, como elementos ceremoniales psicoactivos, utilizadas por pueblos ancestrales en las relaciones comunitarias y para comprender la dinámica cósmica de la vida y del planeta.

Es precisamente el carácter sagrado atribuido a estas plantas lo que las convierte en objeto de reverencia y culto otorgándole a la vez un profundo significado simbólico. Estas plantas sagradas no sólo enriquecen la solidaridad social sino que facilitan la comunicación ritual con los espíritus y divinidades. El uso ritual de estas plantas permite la integración del individuo con su familia, su comunidad, su cultura y su medio ambiente.En muchos casos se usaban para recuperar la salud, recibir orientación ante alguna decisión importante, prácticamente en todos los ritos de iniciación, en casi todas las culturas, aparece alguna sustancia psicoactiva. En algunas tradiciones el uso queda reservado a quien cumple el rol sacerdotal, en otras se comparte con toda la comunidad, siempre en ocasión especial y dando un uso conducente a la planta.

Estas plantas son consideradas como sagradas y es por esta razón es más apropiado adoptar esta definición, por encima de otros términos como “plantas psicoactivas, psicotrópicas, psicodélicas o enteógenas”, pues se basan en categorías occidentales para convertirlas en tóxicas, malditas, prohibidas y hasta en diabólicas. También es necesario revisar e incluso desechar la denominación de plantas alucinógenas, utilizada profesionalmente en medios de comunicación, por la connotación de estado patológico (enfermedad o locura) que conlleva esta palabra, y que al mismo tiempo, asocia aventuradamente estas plantas con la idea de “sustancias peligrosas”. Si bien hay múltiples elementos que diferencian claramente las plantas sagradas de las sustancias que generan dependencia física y psicológica, esto intencionalmente no ha sido suficientemente aclarado.

Para profundizar sugiero la lectura de “Las plantas de los dioses”, del destacado químico suizo fallecido en 2008, Dr. Albert Hofmann.

El cambio de paradigma. Perdimos el vínculo con las plantas.

Hacia mediados del siglo XVIII el conocimiento de la naturaleza práctica, proveniente del mundo mágico-religioso de cada área cultural, empezó a ser un esquema considerado por la medicina académica y empírica como una “falacia sanitaria”. Ignorando a los terapeutas “arcaicos” que dispusieron de métodos objetivamente eficaces aunque su fundamento no era racional para las ciencias modernas. Si bien las políticas prohibicionistas han provocado el desconocimiento generalizado sobre la relación entre la espiritualidad y las sustancias psicoactivas en la historia de la humanidad, en la actualidad la globalización y la era digital han permitido el surgimiento de nuevas prácticas de espiritualidad, un fenómeno fascinante que ha mutado de las comunidades y pueblos originarios hasta llegar a transmitir de forma oral y práctica este conocimiento a las grandes urbes.

Sin embargo, la desinformación, el fundamentalismo y las consecuencias de la occidentalización del conocimiento siguen siendo el gran reto para superar el problema global generado por la “Guerra Contra las Drogas” y el obstáculo que también ha implicado para la Ciencia y otras disciplinas.

A pesar de los obstáculos que distintas disciplinas como la antropología, la psicología, la teología, la medicina, la etnobotánica, la neurociencia, la biología o la química vienen estudiando, seria y sistemáticamente, la importancia de estas plantas. En los años recientes además del interés científico, ha surgido una latente actitud de revalorización de la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas. De la misma manera, una búsqueda de un verdadero diálogo de saberes y formas que complementan estos conocimientos con los de las culturas dominantes.

Recién en el siglo XX se instauraron políticas prohibicionistas a nivel global hacia algunas de estas Plantas Sagradas, debido a intereses de los poderes hegemónicos de la corporatocracia de la época. Estas medidas prohibicionistas fueron impulsadas por los EUA, que sigue invirtiendo millones de dólares en ellas, aunque internamente esté viviendo un proceso de reforma a sus políticas de drogas locales y aunque ya haya quedado clarísima la ineficacia del prohibicionismo para combatir el narcotráfico.

El prohibicionismo ha generado amplias y diversas consecuencias: desde las miles de muertes causadas anualmente debido a la nefasta “guerra contra las drogas”, hasta el rompimiento con la libertad y sabiduría de tradiciones milenarias, provocando un deterioro a la etnósfera y llevando como consecuencia dos tipos de consumo de sustancias psicoactivas: el consumo responsable y el consumo problemático, consumo consciente y consumo inconsciente.

a) se trata de un consumo responsable cuando la persona es consciente de estar eligiendo consumir esa X sustancia; que la respeta, se informa sobre su adecuado uso/consumo, sabe sobre sus efectos y consecuencias, y tiene una motivación clara para hacerlo.

b) se trata de un consumo problemático cuando la sustancia pasa a ser el centro de la vida de la persona y le impide vivir tranquilamente, sufre síntomas de abstinencia y pasa organizando su rutina en torno al consumo de la sustancia. El uso problemático o abuso de sustancias en general suele estar asociado a una búsqueda de llenar un vacío interior, una búsqueda de bienestar. Al ser una temática tabú se desinforma argumentando desde una doble moral pues todos consumimos algún tipo de droga, a diario probablemente. Muchas veces, sin siquiera ser conscientes, las personas caen en el uso problemático debido a un vacío espiritual, por eso buscan sustancias que les dan alguna especie de satisfacción interna química. El problema se plantea el uso de la sustancia se les vuelve en contra por la carencia de acceso a información veraz y políticas públicas adecuadas.

Queda para otra oportunidad la diferenciación explícita entre sustancias (y usos) legales e ilegales.

En resumen

Las plantas y los hongos son fuente de alimento, medicina y fuente de conocimiento cuando las usamos consciente y responsablemente. Lo importante es el vínculo que creamos con el entorno, esto incluye las personas, animales, plantas, hongos, etc. Si nos falta la conexión, la educación, el saber, la información acerca de ellas no podemos ser responsables. Esto se relaciona con la mayordomía de la creación, en la Biblia somos llamadas y llamados a respetar y cuidar de toda la creación, no a destruirla y erradicar especies, como pretenden algunos por ignorancia o por intereses.

Como todas las cosas, las plantas no son ni buenas ni malas, depende siempre de cómo una persona se vincula con ella, sí la conoce y respeta, cómo la consume, para qué. Finalmente, insisto en la necesidad de cambiar el hábito de entender la “Guerra contra las Drogas” en El Salvador como sí se tratara del mero tráfico de sustancias ilícitas con el fenómeno de las pandillas y los altos niveles de violencia.

Urge analizar, en cambio, los factores culturales, históricos y socioeconómicos que nos han llevado a esta caótica situación, a una “Guerra Social “ no declarada que encadena las almas al dolor y la desesperación. Que reduce y encierra a plantas sagradas de la sabia creación de Dios y sustancias químicas potencialmente peligrosas en una misma llamándole “drogas”. Que criminaliza a las personas que las usan y viola los derechos esenciales que están garantizados en acuerdos internacionales de derechos humanos ratificados por El Salvador. Que nos impone una sola lectura posible, desde una perspectiva estrecha, egoísta y basada en intereses de unos pocos.

Urge un cambio de perspectiva.

 

Publicado en Revista Factum

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