Este artículo fue publicado anteriormente en el blog ASS- (Amor, Sexo y Serología), para Imagina Más.

El 6 de abril asistí a un encuentro con la sociedad civil que tuvo lugar en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, una reunión que se organizó con activistas de VIH de todo el mundo en preparación para el Encuentro de Alto Nivel que tendrá lugar en junio, donde se tomarán decisiones ejecutivas para acabar -en teoría- con la epidemia de VIH globalmente. Yo fui representando a Imagina Más. Fueron 8 horas de muchas intervenciones de 5 y 2 minutos, y lo cierto es que por momentos me costaba permanecer despierto. Hasta que alguna intervención particularmente potente me sacaba de ese estado de somnolencia. Una de esas intervenciones fue la de Martin. Tenía dos minutos para decir todo lo que quisiese, y lo hizo en español, con prisa por que nada de lo importante se le quedara fuera, con una contundencia admirable, y sobre todo con una gran sensibilidad por la comunidad LGTBI+ y la de la personas que usan drogas, una sensibilidad para mí inaudita en alguien que lleva alzacuellos.

“Es una vergüenza que países latinoamericanos desde una retórica de doble moral y violando flagrantemente la laicidad del Estado se posicionan desde el fundamentalismo religioso para negar acceso a la salud a personas de la comunidad LGBTI, siendo la población trans la más afectada y estigmatizada”, largó a los diez segundos de haber iniciado su intervención. En ese momento yo ya sabía que quería conocerlo. No sabía su nombre, ni concretamente de qué país venía, pero tenía que cruzarme con él y entrevistarlo para ASS-.

El Reverendo Martin Díaz es salvadoreño y tiene 25 años. Es el actual presidente de la junta directiva de la Iglesia Evangélica Protestante de El Salvador, teólogo y presbítero especializado en Pastoral de Derechos Humanos y Políticas de Drogas, en un país que es eslabón obligado de la ruta del narcotráfico: “El Salvador es parte del Triángulo Norte (con Guatemala y Honduras), el corredor centroamericano donde pasa el 90% de la cocaína que va hasta Estados Unidos. A pesar de ello, el gobierno de El Salvador sigue negando que organizaciones de tráfico de drogas operan en el país. A su vez, negando los índices de consumo de sustancias. Somos un país que fue declarado como de ‘Renta Media’ con la complicidad del Banco Mundial, esto hizo que tengamos menor acceso a recursos del Fondo Mundial para afrontar estos problemas.”

En ese narcoviaje de sur a norte, se cruza el VIH, y dentro de los muchos frentes en los que está implicada la iglesia de Martin (no Martín), las prioridades son dos: la discriminalización de las Personas que Usan Drogas (PQUD) y la defensa de los derechos de la comunidad LGTBI, particularmente lxs trans: “Lxs profesionales de la salud en el servicio público aún estigmatizan y niegan el acceso a la salud a gran parte de la comunidad LGBTI. Somos conscientes de que la población trans es la más vulnerable. Un ejemplo específico es el caso de los chicos trans, pues se les ha negado el acceso a servicios de salud en programas como el de ‘Ciudad mujer’, no tomando en cuenta la necesidad de atención ginecológica.”

En estos artículos hemos hablado en varias ocasiones de cómo continuar cuestionando las campañas de salud sexual que se constituyen de forma autoritaria, y sustituirlas por otras que traten a los adultos como adultos, con capacidad de decisión propia sobre su sexualidad y su cuerpo. Esta otra forma de enfocar la salud sexual tiene dos pilares: 1. Que todo el mundo conozca exhaustivamente qué ITS existen, cómo se transmiten y cómo se previenen; 2. Que en el caso de querer exponerse más abiertamente a los riesgos (riesgos siempre hay -algunas STI se transmiten al roce), que sepan cómo reducir estos riesgos en la medida de lo posible. De fondo, siempre respeto por la libertad personal, y saber escuchar. Martin, que trabaja en las trincheras del VIH y las drogas, tiene claras cuáles son sus formas de promover la salud sexual: “Pues justamente las estrategias de reducción de daños y gestión de riesgos buscan cambiar la lógica de las campañas prohibicionistas. El objetivo es que si una persona decide consumir “X” o “Y” sustancia, tenga la información adecuada de qué es lo que está consumiendo y sobre cómo consumirla de tal forma que se evite el mayor daño posible. La educación juega un papel preponderante no sólo en cuanto a las prácticas sexuales sino también en cuanto al consumo de sustancias y al ejercicio de nuestros derechos esenciales.”

Le pregunto si este tipo de intervención social no le supone un reto para su convicción religiosa: “Creo que más bien genera un reto para mis colegas fundamentalistas, el mensaje de Jesús de Nazareth es claro. Nosotros, como comunidad religiosa, trabajamos temas importantes que son tabú para otras comunidades, o que son ignorados por falta de compromisos. Como comunidad de fe, asumimos nuestra tarea de hacer visibles los signos del Reino de Dios en la tierra, provocando encuentros y promoviendo la unión en diversidad”. Martin suena como la mejor cosecha de aquellos sacerdotes que en los años 60 y 70 promovieron y practicaron la Teoría de la Liberación en América Latina. Él mismo es un latinoamericanista convencido y practicante, que ha estudiado en El Salvador, Nicaragua y Argentina, ha sido Precursor de la Pastoral de Reducción de Daños y Gestión de Riesgos en Argentina, Paraguay, El Salvador y Uruguay, ha coordinado y gestionado el Primer Simposio sobre Políticas de Drogas en El Salvador, además de múltiples Investigaciones sobre políticas de drogas en El Salvador y Uruguay. También ha coordinado y gestionado proyectos de capacitación para líderes juveniles en vistas a la reforma de la actual política de drogas en El Salvador y el Triángulo Norte.

Sus intervenciones, como queda visto, son tanto políticas como activistas, a pie de calle, así como en el campo de las ideas. Publica artículos en la Revista Factum, como éste, donde cuestiona filológicamente que la Biblia condene la homosexualidad. Afirma: “Dios nos creó para ser su imagen en el mundo. Todo lo que somos, incluyendo nuestros cuerpos, nuestra sexualidad, es un regalo de Dios para nuestra vida. La homosexualidad no es pecado mientras que manifieste un vínculo de amor y respeto mutuo. Esto es aplicable tanto a la orientación homosexual como a la heterosexual. Es decir, Dios no ve la homosexualidad como pecaminosa, ni a la heterosexualidad. Pecados son la opresión, la injusticia, la discriminación, la persecución, la falta de respeto hacia las personas y la creación toda. Entonces, pecado es: la homofobia, los crímenes de odio como golpizas y homicidios, la discriminación, las legislaciones que atentan contra los derechos de las poblaciones LGBTI, el rechazo a incluir a Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales y Queers en las iglesias y/o en comunidades de fe en general.”

Martin ha sido tan amable como para compartir el mensaje que leyó en la ONU con nosotros. Leedlo hasta el final, porque tiene para todos. Disfrutadlo:

Hermanos y hermanas, es indispensable que relacionemos las políticas de drogas y en definitiva las políticas públicas de reducción de daños y gestión de riesgos para poder poner fin a la epidemia de VIH /SIDA, pues hoy una de las amenazas más grandes contra nuestro trabajo son las actividades de riesgo, la falta de educación, la falta de acceso a la salud sexual y los derechos reproductivos. Es evidente que el consumo de sustancias de forma irresponsable aumenta los riesgos de contagio.
Es una vergüenza que países latinoamericanos desde una retórica de doble moral y violando flagrantemente la laicidad del Estado se posicionan desde el fundamentalismo religioso para negar acceso a la salud a personas de la comunidad LGBTI, siendo la población trans la más afectada y estigmatizada. Hermanos y hermanas, es lamentable que pocos países de nuestra región hayan adherido a la Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud, que en definitiva sería una herramienta útil para el combate al VIH en nuestros países. Aún más lamentable… perdón, digamos las cosas como son: es una vergüenza que el Estado salvadoreño no adhiera a esta convención siendo la sede de la cumbre donde la misma se firmó.
Es de gran urgencia y necesidad fortalecer los mecanismos de país (mcp) del fondo global. Tenemos la certeza de que estos son la vía más directa de contribuir en el desarrollo local. Pedimos encarecidamente que los sistemas de Naciones Unidas tomen conciencia y no dejen de apoyar a los países pobres, sólo porque sus gobiernos se disfrazan de renta media con el apoyo del Banco Mundial.
Finalmente hago un llamado a todas y todos en nombre de Dios, a que luchemos juntos, que no olvidemos que las banderas que alzamos están interrelacionadas. Luchemos por la des-criminalización de las personas que usan drogas, pues esto impide el acceso real a programas de salud, luchemos por la aplicación real de políticas públicas de reducción de daños y gestión de riesgos, por la defensa de la salud sexual y los derechos reproductivos en nuestros países. Seamos solidarios con los países que padecemos de la prohibición total del aborto, la despenalización del aborto es un tema importante para la salud pública de países como El Salvador, República Dominicana o Bolivia. Utilicemos estos espacios no para institucionalizar las luchas de la sociedad civil, sino para bajar a las bases a estos mecanismos que hasta ahora manejan un puñado de burócratas lejanos o ciegos de la realidad de lo social.
Al final los que se quedan atrás son los gobiernos y la oscura, codiciosa y muchas veces inhumana industria farmacéutica, protegida por nuestros mismos gobernantes.
Que Dios padre y Madre nos guíe en esta ardua lucha.

Esta ardua lucha tiene su precio. Martín vive actualmente fuera de El Salvador, exiliado, por una serie de amedrantamientos y amenazas que recibió al poner el dedo en la llaga de las turbias relaciones del narcotráfico y los instituciones del país. Vive con su pareja, la también teóloga y presbítera Reverenda Daniela Kreher.

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