Somos conscientes y afirmamos:

que no encontramos nuestra paz en la certeza de lo que confesamos,

sino en la maravilla de lo que nos sucede y lo que nos es dado;

que no encontramos nuestros destino en la indiferencia y la avaricia,

sino en la vigilancia y en relación con todo lo que vive;

que nuestra existencia no se completa por lo que somos y lo que poseemos

sino por lo que es infinitamente mayor de lo que podemos contener.

Guiados por esta toma de conciencia, creemos en el Espíritu de Dios

que trasciende todo lo que divide a la gente y les inspira a lo que es santo y bueno,

que en el canto y en el silencio,

en la oración y en el trabajo,

adoran y sirven a Dios.

Creemos en Jesús, un hombre lleno del Espíritu,

el rostro de Dios viéndonos y apelándonos.

Él amó a la humanidad y fue crucificado

pero vive, más allá de su propia muerte y de la nuestra.

Él es nuestro ejemplo santo de sabiduría y valor

y nos acerca el amor eterno de Dios.

Creemos en un Dios Eterno,

cuyo amor es insondable, el motivo de ser,

el que nos muestra el camino de la Libertad y la Justicia

y nos invita a un futuro de paz.

Creemos que

débiles y falibles como somos,

estamos llamados a ser iglesia,

conectada a Cristo y a todos los que creen,

en el signo de la Esperanza.

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