Rvdo. Martin Diaz
Iglesia Evangélica Protestante de El Salvador

El Salvador un país mayormente fundamentalista, un territorio donde todxs consumen algún tipo de droga, donde el sexo se vende por doquier, donde se imponen dogmas desde la doble moral y donde la educación vela por su ausencia…Ese es tu país…el tuyo y el mío.

Está claro que a las formas de control actuales le interesan las sustancias que estimulen para rendir, o las que adormezcan cuando seamos conscientes de lo deprimente que es el sistema en sí. Por supuesto, las que muestren mundos mejores o favorezcan la introspección y espiritualidad son demonizadas y supuestamente combatidas, con altísimas inversiones, que sólo favorecen al crimen organizado y las industrias bélicas y farmacéuticas, las cuales ganan cuantiosas cifras en la guerra social que se vive en el territorio salvadoreño.

En medio de la inclemente violencia que se vive cada día más a flor de piel en las calles de lo que fue el Señorío de Cuzcatlán, las juventudes nos hemos unido para pedir una regulación de la Cannabis. La IEPES como precursores y voceros de este esfuerzo hacemos un llamado a la Paz y a la reflexión para iniciar una nueva etapa y dejar a un lado la nefasta, obsoleta e inhumana “guerra contra las drogas”

En estos momentos El Salvador vive inmerso en una ola de oscuridad y violencia. Una vez más. El pan cotidiano está marcado por la falta de perspectivas, pobreza, asaltos, maltratos, asesinatos atroces, extorsiones. Sangre de hermanos matando a sus propios hermanos por dinero, tecnología, drogas, información o por el simple hecho de así desearlo.

En medio de tanta oscuridad algunas comunidades han unido  fuerzas para abonar a la superación de tanta violencia doméstica, social, estatal y de tanto atropello a los derechos humanos y las libertades individuales. Estamos convencidos de que la Regulación le conviene a todas las partes de la sociedad, esta medida ha evidenciado ser herramienta útil para el combate al narcotráfico, la reducción de demanda de drogas, el crecimiento espiritual, la reducción de la violencia y la delincuencia, de manera sorprendente.

Desde esta columna espero poder trasladar la voz y hacer eco de muchas personas y grupos que tienen esperanzas de poder producir su propia medicina, de poder usar y plantar cannabis sin ser criminalizadxs; también de personas que tienen usos problemáticos y necesitan ayuda terapéutica eficaz y humana, basada evidencias y con un enfoque desde el amor y el respeto; así como también de grupos y personas que sin ser usuarios de la Cannabis apoyan la búsqueda de nuevas alternativas en pos de mayor bienestar general  y el crecimiento integral de nuestra sociedad.

Recuerden que muchos grupos y personas se están uniendo en un sólo clamor por la paz, expresándose a través de un vínculo común, su experiencia consciente o no con lo sagrado a través de una Planta; en este caso la Cannabis.

Latinoamérica, centroamérica, el triángulo norte,  y nuestro  ensangrentado El Salvador hemos puesto la mayor cantidad de muertos en la guerra contra las drogas. Por eso también somos latinoamericanos los que lideramos el cambio paradigmático hacia la regulación, pues ya no puede quedar en manos de criminales la salud y los derechos de las personas que usan drogas.

En El Salvador la reforma de las políticas de drogas significa una semilla de esperanza, porque mediante la regulación habría una nueva oportunidad de desarrollar y aplicar estrategias integrales  de reducción de la violencia, reducción de daños y riesgos, etc.

La lucha por una reforma a las políticas de drogas y por un  consumo responsable y conducente de las mismas ya inició en El Salvador.

Fuente: VERSA

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