Ponencia del Rvdo. Martin Díaz  como Representante de la IEPES durante la Reform Conference 2015


Muy buenos días hermanos y hermanas, es un honor y una gran responsabilidad estar frente a ustedes este bendito día. Soy pastor de la Iglesia Evangélica Protestante de El Salvador, una comunidad eclesial que acompaña personas y proyectos en busca del desarrollo sustentable con paz y justicia social. Somos precursores de la Pastoral de Reducción de Daños y Gestión de Riesgos que surge de  la pastoral juvenil. Concentramos nuestros esfuerzos en la búsqueda de alternativas a las actuales políticas de drogas y la promoción y defensa de los derechos humanos; especialmente en El Salvador por la situación de vulnerabilidad de las juventudes (más del 60% de los habitantes son menores de 35 años). El derramamiento de sangre de la guerra social en El Salvador se debe en gran medida a los efectos de la “guerra contra las drogas”.

 

Algunas de las actividades que realizamos en los últimos 3 años en El Salvador:

  • Primer Simposio sobre Políticas de Drogas en El Salvador
  • Primer Investigación Exploratoria para la Regulación de las Drogas
  • Proyectos de capacitación para líderes jóvenes
  • Entrega de materiales para reducción de daños y prevención primaria y secundaria.
  • Trabajo en incidencia pública y política con tomadores de decisión, generadores de opinión y grupos de presión.

 

Actualmente estamos realizando dos estudios: uno sobre los resultados a dos años de la aprobación de la regulación del cannabis en Uruguay; y otro sobre Políticas de Drogas y Derechos Humanos en El Salvador, en busca de identificar elementos que ayuden en el proceso de la reforma de las políticas de drogas en el país..

La especificidad de nuestra iglesia está dada en el cambio de la perspectiva desde una visión arcaica, moralista, penal, punitiva y represiva sobre el consumo de drogas y sobre las personas que las usan a una mirada desde los derechos esenciales y los derechos humanos basándonos en las evidencias e impulsados por el amor al que Jesús nos llama.

En el Triángulo Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) la escalada de violencia va en alarmante aumento, al mismo tiempo que los intereses geopolíticos de las grandes potencias se concentran cada vez más en la región centroamericana. Sabemos que la violencia prospera cuando existen mercados clandestinos, comercio ilegal y cuando el Estado responde exclusivamente con medidas represivas.

Sin embargo, en la región y en especial en mi país, El Salvador, las causas y consecuencias de la violencia suelen ser tergiversadas, las visiones erradas, las mediciones imprecisas y posiblemente hasta adulteradas.

El narcotráfico ha avanzado en la región a expensas del contexto de debilidad estatal presente, la amplia disponibilidad de armas, zonas de difícil acceso, más del 90 % de impunidad, fuerzas de seguridad corruptas e ineficientes, falta de cultura de legalidad, altos índices de pobreza y una cultura de violencia impuesta por los Estados y los medios de comunicación son entre otras las “ventajas comparativas” que ofrecen los países del Triángulo Norte.

Esto le convierte en territorio atractivo para la expansión de las redes criminales vinculadas al narcotráfico que además se dedican a actividades de extorsión, contrabando, trata personas, tráfico de órganos, secuestro y tráfico de armas, lo que en algunos casos origina un abandono parcial del tráfico de drogas. Por ejemplo en el caso del cartel de Los Zetas, que, según reportes de inteligencia operan en El Salvador desde el año 2005, ocupando territorios como Chalatenango (una de las zonas más pobres del país) y dedicándose mayormente al tráfico de órganos y trata de personas.

Mi país se desangra, los salvadoreños nacemos medio muertos.

El Salvador es el país más violento del continente y el tercer país más violento del planeta con o sin guerra.

Según cifras oficiales del mes de noviembre, el cálculo de homicidios por cada 100,000 habitantes en su proyección para finalizar el año 2015: Siria sufre 331 homicidios por 100,000 habitantes; Afganistán 118 cada  100,000 habitantes;

El Salvador, un pequeño país sobrepoblado sin una guerra convencional, despedimos a los que nos son arrebatados en esta guerra social no declarada que se lleva a 105 hermanas y hermanos  por cada  100,000 habitantes. (La mayoría hombres jóvenes)

En El Salvador… nacemos medio muertos,  México: sufre 21 homicidios por cada 100,000 habitantes y El Salvador, 105. (no está doble, sino que es para enfatizar)

El Salvador, hermanos y hermanas,  es el único país de Centroamérica en el cual el tema del combate al narcotráfico no es abordado, por que instituciones y medios de información no tocan el tema, siendo pocas las excepciones. En primer lugar el Estado no reconoce que existan carteles de narcotráfico. Aún este año se ha negado tal condición por parte de la División Antinarcóticos de la Policía Nacional Civil.

Por si fuera poco, el incremento vertiginoso  de la impunidad y la corrupción se alzan como los efectos sistemáticos de la guerra contra las drogas. Es tal la situación que la Fiscalía General de la República y la Policía Nacional Civil han cerrado el caso de José Adán Salazar Umaña alias “Chepe Diablo”, capo de la droga que fue señalado por el mismo presidente Barack Obama como uno de los más grandes traficantes de droga de centroamérica en el Kingpin Act.

Se ha llegado incluso a investigar, querer procesar y encarcelar a los agentes policiales que investigaron al cártel que lidera Chepe diablo, es decir el cartel de Texis.

La realidad social nos muestra día a día el rostro de miles de jóvenes que son víctimas y victimarios. No se debe permitir que esta escalada de violencia y muerte continúe. Por ello deseamos contribuir con propuestas serias a la resolución del problema de la violencia en El Salvador. Motivando a la vez a los diferentes sectores del país: empresarios, gobierno, iglesias, medios de comunicación, cooperación internacional y sociedad civil a involucrarse en un debate serio sobre las alternativas a la actual política de drogas.

 

En gran medida, la violencia en El Salvador y América Central es producto de la “Guerra Contra Las Drogas”, sin embargo, la experiencia concreta y los estudios en materia de prevención de la violencia con jóvenes demuestran que cuando se abordan los factores de riesgo desde una perspectiva integral y sistemática se pueden ver no sólo los cambios iniciales a corto plazo, sino también se establecen patrones de convivencia ciudadana que sostiene cambios significativos en toda una generación.

Por señalar todo lo anterior y por concientizar acerca de la necesidad de la reforma a las políticas de  drogas y su importancia en sus múltiples aristas, sociales, económicas, de salud pública y de seguridad nacional es que, junto a un grupo de nuestro equipo hemos tenido que buscar refugio en América del Sur a través de ACNUR para salvaguardar nuestras vidas. La situación de las migraciones que provoca la guerra contra las drogas la vivimos en nuestra propia piel. Según el Consejo de Refugiados de Noruega, hay 289,000 desplazados en El Salvador internamente, lo que ha provocado también un éxodo masivo (en especial en 2014 y 2015 donde se masifico el fenomeno de niños migrantes sin acompañantes)  Y todo esto se suma al aumento de la persecución de las y los defensores de DDHH en El Salvador, tal como denunciamos y denuncian constantemente múltiples organizaciones de la sociedad civil.

Precisamente porque los cambios serán paulatinos, la reforma de las políticas de drogas se hace cada día más urgente. Esta reforma sin lugar a dudas puede convertirse en una señal de esperanza para El Salvador y el Triángulo Norte.

Tengo la profunda esperanza de que este espacio sirva para no sólo para escuchar a lxs demás, indignarnos y decir “qué horror, qué triste!” sino para concretar las alianzas y coordinar acciones reales, adoptar medidas eficientes y eficaces a la hora de incidir en el proceso de la Reforma en nuestros países de cara a UNGASS 2016 y rumbo al 2019.

Finalmente hago un llamado a la reflexión y a tener conciencia, que la grave situación de El Salvador y el Triángulo Norte no solo son una amenaza y un peligro para la seguridad de su población, sino que representa una amenaza mayor para todo el continente. Centroamérica, el Triángulo Norte y en especial El Salvador necesita de todo nuestro esfuerzo para acabar con esta Infame Guerra.

Gracias por su atención! Que el Espíritu de Dios nos ilumine y acompañe en esta importante tarea.

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