Por Carolina García

Exodus, un ministerio norteamericano que pretendía modificar la orientación homosexual a través de oración y terapia, cerró sus puertas con una disculpa, luego de más de tres décadas de operación. El fundador manifestó su pesar por haber dañado a la comunidad gay y por no asumir una postura de acuerdo al mensaje cristiano.

Por otra parte, en Brasil, un lobby de influencia evangélica propuso una ley que impulsa las terapias para modificar la orientación sexual, y han sido denunciados al menos dos casos en las últimas semanas de jóvenes que fueron confinados a tratamientos para su cambio de orientación sexual.

Así en la posición sobre la orientación sexual como en muchos otros aspectos que norman la forma de vivir y experimentar el cuerpo, las disputas y negociaciones de sentido continúan en movimiento. A veces, como en este caso, en detrimento de la propia vida y dignidad de las personas (son sabidos casos de mucho daño psicológico y físico derivado de tales terapias).

Vale la ocasión recordar que estos sentidos no se construyen de la nada. Se fortalecen o debilitan de acuerdo a contextos específicos y a ideologías que se heredan de las instituciones y las historias que las moldean. Como cristianos y cristianas, tendríamos que hacer una revisión con honestidad y constancia de qué manera nuestras posiciones teológicas pueden alimentar (o han sido nutridas de) aquellas posturas que no aceptan la diferencia y le dan fuerza al odio, de una u otra forma. Ya ocurrió antes y no hay algo que nos garantice que no siga sucediendo (en Sudáfrica se legitimaba “teológicamente” el Apartheid, y en Estados Unidos el racismo de las colonias del Sur).

La deuda que los cristianos evangélicos tenemos para con la comunidad LGTBQ ameritaría un replanteamiento de la forma con la que se disponen los recursos tanto materiales como simbólicos para construir comunidad sin nociones de odio y exclusión. Esta deuda sobrepasa el solo acto de cerrar una organización. Es una deuda doble porque no sólo se ha omitido la buena noticia, sino que se realizó un daño que trasciende en tiempo y fronteras.

GEMRIP

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